30 junio 2006

El tulpa

Durante mis expediciones por el Perú, una de las muchas técnicas místicas que estudié fue “la creación del tulpa”. Un tulpa, según la tradición incaica, es una entidad creada por un acto de la imaginación, algo así como un personaje ficticio inventado por un novelista, con la diferencia de que el tulpa no se crea escribiendo. El tulpa nace mediante un acto de la voluntad, un acto que debe ser dirigido con arreglo a un antiguo procedimiento.

El tulpa me interesó tanto que le dediqué buena parte de mis investigaciones y, finalmente, conseguí yo mismo crear uno. Contacté con un viejo chamán que me pasó la fórmula a cambio de un par de sacos de hoja de coca. Corrí al campamento a ponerla en práctica y pronto pude comprobar su eficacia. Entré en un trance profundo, repetí los conjuros durante horas, y ejecuté las intensas visualizaciones que me había indicado el brujo.

Mi tulpa comenzó su existencia como un enanito regordete, de apariencia benigna; una especie de espíritu inofensivo y burlón. Al principio el fenómeno fue enteramente subjetivo; el tulpa aparecía cuando yo lo convocaba, solo yo podía verlo, obedecía dócilmente mi voluntad y desaparecía en cuanto se lo insinuaba. Gradualmente, con la práctica, fui capaz de materializar al tulpa. Aparecía como un gracioso enanito tenue que revoloteaba por el mundo y cualquiera podía verlo. Sutil pero real, era difícil verlo, ya que era bastante tímido y se portaba discretamente.

Días después, la aparición fue ganando claridad y sustancia, y se fue condensando hasta llegar a ser indistinguible de la propia realidad. Fue más o menos entonces cuando empezaron los problemas. El tulpa comenzó a materializarse de vez en cuando, sin que nadie lo llamase, dejó de obedecer, perdió su apariencia amistosa, adelgazó y adquirió un aspecto notablemente siniestro.

Mis compañeros de expedición, que no conocían las disciplinas mentales que yo practicaba, comenzaron a alarmarse ante la presencia de un “pequeño extranjero” que ponía patas arriba el campamento antes de esfumarse; al principio me hizo gracia, pero cuando el cabrón del enano se cagó en las lentejas, decidí que las cosas habían ido demasiado lejos y, aplicando diversas técnicas ceremoniales, conseguí reabsorber la criatura en mi propia mente. El tulpa se resistió infructuosamente a su aniquilación, por lo que tuve que prolongar el tratamiento durante varias semanas, faena que me dejó completamente exhausto.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Es interesantísimo lo que cuentas pero... Realmente se puede crear un Tulpa? Es decir, ¿Con la práctica puedes llegar a crear uno?. Es cierto que he oido muchas veces que es peligroso, pero algúna vez me gustaría ver uno. Gracias.

Luis dijo...

Hola, Anónimo, siento decepcionarte pero "El Tulpa" es solo un cuento. La historia original, ambientada en el Tibet, pasa por verídica, pero yo no creo que lo sea. Lo más gracioso es que "El Tulpa" es la única entrada de mi blog que ha sido contestada por alguien. De vez en cuando recibo algún mensaje de personas interesadas en estos temas, y me ha sorprendido darme cuenta de que los elementos más grotescos, que yo había introducido pensando que delatarían el contenido expúreo de mi cuento, son los más verosímiles, los que más han captado la atención de sus escasos lectores.
Para mí, el tulpa es una metáfora de la fuerza demoníaca de la ilusión. En este sentido, creo que somos muy capaces de crear seres infernales, que cuando crecen, son capaces de devorarnos. Entonces, el cuento casi nunca tiene un final feliz.

Anónimo dijo...

Jajaja, el tulpa no es "sólo un cuento".
jajaja

Anónimo dijo...

Todo esto está muy bien pero tienes que decir que la autora original es Alexandra David-Néel, sino parece que el cuento es tuyo.

César Anglas Rabines dijo...

¡Qué buena, te pasaste! ¡Es el golem andino!
Te felicito, así debe haber gente, que escriba nueva ficción.
Te invito a visitar mi página web, e incluso te tiento a crear el tulpa para versión radioteatro, que es lo que me apasiona.

¡Saludos!

Luis dijo...

Muchísimas gracias, César: he visitado tu página y me hartado de reir con el contestador del Instituto de Salud Mental (soy enfermo mental y necesito reirme). Voy a intentar hacer un guión radiofónico para el Tulpa. No tengo ni idea de cómo se hace y no me comprometo a nada, pero lo intentaré.
Un afectuoso saludo

Anónimo dijo...

lo que puedo decir es que lo malo siempre será lo que es, así se vista de Doncella, la vestimenta interna lo delata...